La salud de la economía argentina sigue en un proceso de control permanente. La Argentina, el paciente que está en tratamiento, mejora el diagnóstico, aunque la sensación de bienestar general todavía es una meta lejana. La macroeconomía emergió en tres de las cuatro Fases que ha desarrollado el programa económico del presidente Javier Milei. Déficit cero, con motosierra fiscal; emisión monetaria cero; desarticulación del cepo cambiario, un proceso de desaceleración inflacionaria y compra de dólares para fortalecer las reservas internacionales del Banco Central han sido las acciones que, en dos años y un mes, ha desarrollado el actual Gobierno.

El ministro de Economía, Luis Caputo, había estimado, en el presupuesto del año pasado, que el Producto Bruto Interno (PBI) se expandiría un 5%; sin embargo, la caída de la actividad y la falta de consumo han dejado sus secuelas. Hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha tomado nota de ese proceso y colocó a la expansión económica en torno del 4%.

Durante la mayor parte de 2025, la actividad económica evidenció un agotamiento. Esta dinámica respondió a la debilidad del mercado interno: los ingresos reales se recuperan lentamente, el crédito perdió impulso en los últimos meses y ni la tasa de interés ni el riesgo país descendieron lo suficiente como para dinamizar la demanda, describe Invecq Consultora Económica. Aun así, el último dato oficial de actividad -noviembre, último informe disponible- refleja un crecimiento acumulado del 4,5% interanual para 2025, explicado en gran medida por el arrastre estadístico que dejó el cierre de 2024, observa el economista Esteban Domecq. Con esa base ya agotada, 2026 arrancaría sin arrastre significativo, e Invecq proyecta para este año un crecimiento moderado, en torno al 2%–2,5% anual, más débil de lo estimado por el Fondo.

Sobre el último dato oficial, en noviembre de 2025, el estimador mensual de actividad económica (EMAE), medido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), registró una caída de 0,3% interanual -tras 14 meses consecutivos de crecimiento anual- y 0,3% también de caída mensual. Además, los datos continúan ratificando las dos velocidades de la actividad económica, tal como hace una semana lo describió también el ministro de Economía y Producción de Tucumán, Daniel Abad.

Entre los sectores ganadores se destaca Intermediación financiera, con una suba de 13,9% interanual explicada por la mayor actividad de agentes y sociedades de bolsa, y con la mayor incidencia positiva sobre el nivel general. También sobresale Agricultura, ganadería, caza y silvicultura (10,5% i.a.), junto con Minas y canteras, energía y algunos servicios asociados a actividades empresariales e inmobiliarias. “Estos sectores explican gran parte del crecimiento acumulado del año y muestran niveles de actividad claramente por encima del promedio de 2024”, puntualiza Domecq.

En contraste, persisten sectores rezagados que continúan operando por debajo de los niveles previos. Industria manufacturera (-8,2% interanual), comercio mayorista y minorista (-6,4%) y construcción (-2,3%) vuelven a mostrar caídas y concentran la mayor incidencia negativa sobre el EMAE. A ellos se suma pesca, con una contracción significativa (-25%), aunque con menor peso relativo. En conjunto, estos sectores reflejan la debilidad de la demanda interna y la lenta recomposición del consumo y la inversión.

Ese diagnóstico es coincidente con el informe Macro & Estrategia del equipo de Research de Adcap Grupo Financiero. Los indicadores del comercio minorista refuerzan el diagnóstico de una demanda frágil. Las ventas en supermercados cayeron con fuerza, con descensos de 3,8% intermensual y 2,8% interanual, mientras que las ventas en autoservicios mayoristas aumentaron 1,3% mes a mes (m/m), aunque permanecieron profundamente negativas en términos interanuales (−8,3%), detalla el reporte al que accedió LA GACETA. En conjunto, los datos apuntan a una dinámica de consumo débil hacia el cierre del año, consistente con un perfil de actividad estancado pese al arrastre positivo del sólido tercer trimestre. En consecuencia, si bien un dato negativo de PBI para el cuarto trimestre de 2025 sigue siendo poco probable, el impulso hacia 2026 luce limitado. “Nuestro escenario base de crecimiento para 2026 se ubica en torno al 3,5%, aunque la revisión a la baja de la cosecha de oleaginosas (producto de las olas de calor) inclina los riesgos a la baja”, advierte Adcap.

Por su parte, Invecq anticipa una heterogeneidad sectorial para este año, pero sin señales de una crisis generalizada. “Identificamos así un bloque de sectores que podrían crecer entre 5 y 10% anual: agro, minería, pesca y construcción (recuperando parcialmente la caída de 2024); un bloque de sectores con un crecimiento modesto de entre 2% y 3% anual: intermediación financiera, comercio, actividades empresariales, etc.; y, por último, los sectores más rezagados que podrían crecer pero levemente (en torno a 1% anual): industria, hotelería, servicios de salud y enseñanza”, explica. “Aun con un crecimiento moderado (en torno del 2% al 2,5% anual), encadenar dos años consecutivos de expansión sería un mérito relevante para una economía que lleva más de 15 años chocando contra un techo estructural”, resalta.

Dos miradas, una realidad

Desde la Unión Industrial Argentina (UIA), su titular Martín Rappallini había señalado que la clave hacia este año no es frenar el rumbo, sino ordenar la secuencia. “Para que la economía vuelva a crecer, se recupere la actividad y se genere empleo, es imprescindible avanzar en las reformas de competitividad: reducción de impuestos distorsivos, modernización laboral, reconstrucción del crédito productivo, inversión en infraestructura y energía, fortalecimiento de la educación técnica y defensa firme de la competencia leal”, planteó el industrial.

En definitiva, la transición es el verdadero desafío de esta etapa. Los objetivos están claros y son compartidos. El riesgo está en el camino. Si la transición se gestiona con realismo, reglas claras y foco en el crecimiento, la Argentina puede revertir la caída del empleo, reactivar su economía y salir fortalecida, con una estructura productiva más eficiente, más abierta y más competitiva, definió.

Eduardo Fracchia, profesor de Economía y Finanzas en IA Business School, afirma que este año, el objetivo central del gobierno, a la par que sigue la estabilización, es el crecimiento con empleo. “En este bienio se ha reducido la ocupación tanto para el sector registrado como el informal y el sector público. La micro debe estar más en el radar, aunque es sabido que el gobierno está más centrado en la macro y en las finanzas”, sostiene. La política industrial no prebendaria es necesaria para sostener a sectores-empresas con potencial de competitividad. Asistimos a un proceso de reconfiguración productiva que tendrá costos, acota. Las empresas piden “cancha nivelada” aspirando a menor presión tributaria y a la reforma laboral. Estas dos reformas no darán por sí mismas crecimiento del empleo, pero si bases sólidas para la inversión. El proceso de reconfiguración afecta más a los conurbanos con presencia de industria, construcción y comercio. “En el tercer año de gestión todas las últimas presidencias enfrentan crisis, pero en este caso pareciera que será un año promisorio para la economía”, finaliza Fracchia.